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Obispo Morante viaja a Filipinas

Obispos de la IX Provincia estudian el autosostenibilidad en las Filipinas

Entre el 24 y 28 de Septiembre de 2014 nuestro Obispo Diocesano Rvdmo. Alfredo Morante España viajo en compañía de otros Obispos de la IX Provincia de la Iglesia Episcopal y miembros del Staff de la Oficina central de la Iglesia en New York para conocer la historia de autosostenibilidad de la Diócesis Episcopal de Filipinas

[Episcopal News Service – Manila, Filipinas] En talleres de costura, hogares y establos a cada lado de la carretera que llega hasta la cima de una loma donde se alza la iglesia episcopal de la Santa Fe [Holy Faith Episcopal Church] en la aldea de Igorot, los hombres tejen sombreros, bufandas y suéteres y las mujeres cosen etiquetas en prendas terminadas. Es una industria doméstica que comenzaran seis mujeres que venden artículos de punto a mayoristas. Eso mantiene la aldea activa.

La aldea fue fundada en los años 50 [del pasado siglo] sobre un terreno de 1,5 hectárea de tierra que una vez formó parte del rancho ganadero de igorrotes, o “montañeses” de Luzón, la provincia insular más grande y más septentrional de Filipinas donde los misioneros anglicanos establecieron su presencia a fines del siglo XIX. Localizada en las afueras de Manila, la aldea de chozas de bambú y hierbas, ahora es el asiento de 100 familias que viven en casas de concreto con techos de metal.

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En la medida en que se desarrollaba una comunidad, la [original] estación de predicación se convirtió en la misión de la Sagrada Familia, en parroquia ayudada y, finalmente, en 2010, solicitó un rector de jornada completa.

Sin embargo, en 2013, en un momento cuando la parroquia ya se autosostenía en un 80 por ciento, la congregación sintió que no podía alcanzar el objetivo del 100 por ciento para 2018. Es ahí donde tiene lugar la iniciativa singular de la Iglesia Episcopal de las Filipinas de el Desarrollo de la Comunidad Basado en Recursos, una estrategia que incluye el desarrollo congregacional aplicado. Al hacer inventario de los activos de la aldea, los líderes determinaron que los mayoristas venderían en consignación de tres meses, y entre tanto tomarían préstamos particulares para mantener las operaciones; y la Iglesia intervino para responder a una necesidad.

Con un préstamo de $11.000 de 22 comunidades de la Diócesis del Sur de Filipinas, la Santa Fe comenzó a hacer préstamos a los mayoristas con un interés del 1,5 por ciento, menos de la mitad de la tasa del 3 al 5 por ciento que imponen las entidades crediticias privadas. En una decisión en que todas las partes salieron ganando, los mayoristas invirtieron un porcentaje de los ahorros en la Iglesia. En febrero de 2014, los miembros de la Santa Fe solicitaron estatus parroquial pleno.

El trabajo en piedra de la iglesia de la Santa Fe se inspira en la provincia montañosa del norte, de donde provienen los igorrotes. Foto de Lynette Wilson para ENS.

La Santa Fe es sólo un ejemplo de la Iglesia Episcopal de las Filipinas donde el desarrollo comunitario y congregacional han marchado de la mano, creando una situación donde ambos [comunidad y congregación] prosperan.

Cuando la Iglesia comenzó a pensar en la autonomía y en el autosostén económico, invirtió en programas y proyectos para recaudar dinero, pero al final, sin el componente de desarrollo comunitario, las inversiones fueron un “completo fracaso”, dijo Floyd Lalwet, secretario provincial de la Iglesia, durante una reunión, el 24 de septiembre, en la oficina nacional de la Iglesia en la Ciudad de Quezón. Con el tiempo, la Iglesia comenzó a ver las comunidades y las congregaciones como una [sola entidad] y las cosas comenzaron a cambiar.

La trayectoria de la Iglesia Episcopal en las Filipinas hacia el autosostén económico sirve como ejemplo de la asociación pactada, que puede replicarse en otros contextos.

En las primeras horas de esa jornada del 24 de septiembre, siete obispos y dos cónyuges en representación de la IX Provincia viajaron a las Filipinas con el propósito de afirmar y fortalecer la relación de compañerismo entre la Iglesia Episcopal en las Filipinas y la Iglesia Episcopal en Estados Unidos, y experimentar la labor de la iglesia local como relacionada con su logro de alcanzar la plena autonomía económica y, más específicamente, la puesta en práctica de su Desarrollo Congregacional/Comunitario Basado en Recursos y la aplicación de su política “de receptores a dadores”.

Antes de viajar a las Filipinas para estudiar la trayectoria de la Iglesia hacia el autosostén económico, los obispos y sus cónyuges estuvieron del 17 al 23 en Taiwán asistiendo a la reunión de otoño de la Cámara de Obispos, en la cual el obispo primado [de Filipinas] Edward P. Malecdan habló acerca del contexto teológico y las dificultades a que se enfrenta la misión en las Filipinas.

Fieles al tema de “expandir la imaginación apostólica”, los obispos exploraron la misión y el ministerio de la Diócesis de Taiwán. Luego de terminada la reunión otros obispos y sus cónyuges viajaron a Japón, Hong Kong y Corea del Sur para continuar aprendiendo acerca de la misión y el ministerio de la Iglesia Anglicana.

Los hombres tejen sombreros, bufandas y suéteres en talleres como estos en la aldea Igorot. Foto de Lynette Wilson para ENS.

La visita de los obispos de la IX Provincia a las Filipinas estuvo preparándose durante tres años.

Clérigos y líderes laicos de las siete diócesis latinoamericanas de la Iglesia Episcopal, que se extienden por partes del Caribe, Centro y Sudamérica, conocieron por primera vez la historia de la Iglesia Episcopal de las Filipinas en una conferencia sobre autosostén que se celebro en Tela, Honduras, en 2011.

Las diócesis de la IX Provincia —República Dominicana, Honduras, Ecuador Central, Ecuador Litoral, Colombia, Venezuela y Puerto Rico—adoptaron el autosostén como punto focal en una reunión sinodal en 2012.

Cada una de las diócesis de la IX Provincia sigue su propio rumbo hacia el autosostén económico, de las cuales la República Dominicana, Honduras y Ecuador Central, con una reciente venta de tierras por $4 millones, están más cerca de alcanzarlo que las demás.

La estrategia global para la sostenibilidad económica en la IX Provincia está motivada por las necesidades de cada diócesis individual, y la estrategia parte de las diócesis mismas, dijo Samuel McDonald, subdirector de operaciones y director de misión de la Iglesia Episcopal.

“Aquí es dónde la teoría se pone a prueba”, afirmó.

En febrero de 2014, el Consejo Ejecutivo adoptó el Plan de Sostenibilidad de la IX Provincia [en conformidad con] la Segunda Marca de la Misión, que fue el resultado de una reunión en julio de 2013 de líderes laicos y ordenados de la provincia y del personal del centro denominacional.

Luego de la conferencia de Tela, dijo Lalwet, los obispos de la IX Provincia comenzaron a hacer preguntas específicas sobre la capacidad de la Iglesia de Filipinas de crear proyectos y procesos, específicamente sobre la manera en que las cooperativas han ayudado a las congregaciones a convertirse en parroquias de pleno derecho y sobre la Fundación Episcopal para el Desarrollo de San Marcos, una institución de préstamo que transformó la Diócesis de Santiago en el norte de Filipinas.

Hay unas 43 cooperativas inscritas y otras 65 cooperativas, asociaciones de agricultores y organizaciones para el desarrollo no inscritas que funcionan según el modelo de desarrollo eclesial y comunitario de la Iglesia. La Fundación Episcopal de Asistencia o ECARE, como se llama el modelo de desarrollo, aspira a colaborar, mediante la asociación, con comunidades para lograr que sus activos y recursos pasen del nivel de subsistencia al de autosuficiencia, al tiempo que ponen énfasis en compartir, asistir [a los necesitados], dar testimonio y ejercer la mayordomía medioambiental.

El concepto de cooperativa fue algo nuevo para el obispo Francisco Duque,, de la Diócesis de Colombia, quien también funge como presidente de la IX Provincia; algo, dijo él, que contemplaría poner en práctica en su propia diócesis una de las más jóvenes de la Iglesia Episcopal.

En Colombia, como en las Filipinas y en las otras diócesis de la IX Provincia, muchas iglesias episcopales están localizadas en comunidades pobres y marginadas, carentes de desarrollo económico y social.

Más del 25 por ciento de los 100 millones de filipinos vive por debajo del nivel de la pobreza, un porcentaje semejante al del Ecuador y Venezuela, aunque sus poblaciones son una fracción de la de Filipinas, según estadísticas del Banco Mundial. Cada una de las otra diócesis de la IX Provincia tiene un porcentaje mayor de personas, entre el 33 y el 65 por ciento, que vive por debajo del nivel de la pobreza.

“La realidad económica y política es que nuestra gente vive en la pobreza y que nuestras iglesias están situadas en comunidades marginales”, dijo Lalwet, añadiendo que al concentrarse en mejorar la subsistencia económica de las personas de la comunidad, éstas son más capaces de sostener la Iglesia.

Esta estrategia, sin embargo, necesita del consenso de la Iglesia y de la comunidad desde el comienzo, afirmó. “También sería un error separar el programa de desarrollo de la comunidad del desarrollo de la Iglesia”.

Eso significó también un cambio de mentalidad, en congregaciones que históricamente han sido receptoras y que debían convertirse en dadoras. “Estamos rompiendo con la mentalidad de que la Iglesia debe sostener a las congregaciones”, dijo Lalwet.

Trasfondo histórico
La Iglesia Episcopal estableció un distrito misionero en las Filipinas en 1898; en 1965, la Iglesia se convirtió en una diócesis misionera y, en 1990, la Iglesia Episcopal de las Filipinas llegó a ser una provincia autónoma de la Comunión Anglicana. Sin embargo, la autonomía llegó ante que el autosostén económico: en 1990, la Iglesia de las Filipinas aún dependía de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos para financiar el 60 por ciento de su presupuesto operativo.

En 1992, El Comité Conjunto sobre el Pacto Filipino propuso un plan de reducción escalonada de 15 años para reducir gradualmente, cada cinco años, el apoyo de la Iglesia Episcopal de $800.000 a $533.333 a $267.667. En 2003, la Iglesia Filipina alcanzó el mayor déficit presupuestario de su historia, 6,5 millones de pesos ($120.000 en ese momento). Y en 2004, la Iglesia decidió pedirle a la Iglesia Episcopal una extensión de tres años antes de cambiar el rumbo.

En 14 años de autonomía, todos siempre hablaban acerca del subsidio, contó Lalwet, hasta que finalmente alguien propuso: ¿Por qué no prescindimos de él?”.

Así lo hicieron, y el 1 de enero de 2005 “todo el mundo predijo que el déficit de 6,5 millones de pesos se duplicaría”, pero no sucedió. En lugar de eso, la Iglesia tenía por primera vez un superávit de $55.000.

Lalwet con frecuencia compara el período de 15 años de la atenuación del subsidio con el período de abstinencia inicial que atraviesa un adicto. “Hubo temporadas en que la gente estuvo seis meses sin salario”, agregó.

La relación de pacto entre la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos y la Iglesia Episcopal en las Filipinas se mantenía intacta en 2005, pero en lugar de utilizar el subsidio para gastos operativos, el dinero se añadió al Fondo de Donaciones del Centenario, que se estableció en 2001.

Para alentar a que las seis diócesis de entonces contribuyeran al fondo, la Iglesia cambió la estructura del fondo. En lugar de consolidar el fondo de donaciones en un “fondo nacional” con dineros que fueran a sostener la Iglesia Episcopal de las Filipinas, la Iglesia dividió el fondo entre las diócesis, utilizó una subvención e ingresos por concepto de alquileres para proporcionar fondos complementarios y le prestó el dinero a las diócesis para inversiones locales, dijo Lalwet.

Además de eso, explicó Lalwet, en lugar de depender del subsidio para su presupuesto operativo, la Iglesia buscó apoyo en sus activos existentes y en instituciones; durante el período 2005-2008, con el apoyo del Centro Médico San Lucas en Quezón, se construyeron algunas de las iglesias más bellas de la provincia.

En la actualidad, hay más de 120.000 episcopales bautizados que asisten al culto en 400 iglesias de las siete diócesis de la Iglesia Episcopal en las Filipinas que abarca todo el archipiélago en el océano Pacífico.

Cooperativas de desarrollo
En los años 60 y 70 [del pasado siglo], cuando la Iglesia comenzó a considerar la autonomía por primera vez, empezó a fundar cooperativas, lo cual resultaba peligroso durante el período de la ley marcial, de 1972 a 1981, puesta en vigor por el presidente Ferdinand Marcos.

“Las cooperativas se consideraban subversivas”, dijo Lalwet, añadiendo que la Iglesia, específicamente la Diócesis de Luzón Norte, al frente de la cual estaba el obispo Richard Abellon, que se convertiría en el primer filipino en llegar a Primado [de esa Iglesia]. “El obispo se convirtió en el enemigo público número uno”.

A pesar del acoso y de las amenazas que dirigían contra Abellon y otros, la Iglesia continuó fundando cooperativas porque el liderazgo creía que ése era el camino a seguir.

Santiago
Tras un vuelo de 40 minutos rumbo norte, de Manila a Tuguegarao, más otras dos o tres horas en una furgoneta a lo largo de una calzada de dos carriles que se adentra en los grandes arrozales del país, donde el maíz amarillo para alimento del ganado y el arroz se secan en el estrecho borde de la carretera o en cualquier trozo de pavimento que no se use y que tenga acceso directo a la luz solar, los obispos llegaron a Santiago, donde la inversión local ha definido el éxito de esa diócesis.

Los obispos Julio Cesar Holguín, Orlando Guerrero y Luis Ruiz posan con miembros de la cooperativa de San Pedro. Foto de Lynette Wilson para ENS.

La Diócesis de Santiago, que anteriormente formaba parte de la Diócesis de Luzón, fue fundada en 2001, y en ese tiempo el 90 por ciento de su sostén provenía de fuera de la diócesis.

“Esta diócesis se formó durante los años económicamente más difíciles de nuestra Iglesia, cuando el apoyo de la Iglesia Episcopal empezaba a reducirse, cuando estábamos pasando por [el síndrome de] la abstinencia”, dijo Lalwet. “Esta diócesis sufrió porque era muy dependiente de la Iglesia Episcopal de las Filipinas.

No fue fácil, explicó Lalwet, ya que las relaciones, algunas de ellas amistades de mucho tiempo, se pusieron muy tensas como un resultado de la eliminación del subsidio.

Sin embargo, al final, la diócesis comenzó la Fundación Episcopal para el Desarrollo de San Marcos, la institución de préstamo que ha acumulado una carpeta de préstamos de $1.900.000 en 10 años, y que, entre otras cosas, ha permitido que los agricultores adquieran 30 hectáreas de tierra. Pero también es la mayor fuente de apoyo para la Diócesis de Santiago, a la que contribuye con $56.000 anuales.

Además de visitar la oficina diocesana, donde se informaron acerca de la Fundación de San Marcos y compartieron una comida con el clero y los líderes laicos de las diócesis de Luzón Norte y de Santiago, los obispos visitaron dos cooperativas en muy diferentes etapas de desarrollo.

La primera fue la Del Pilar, en Alicia, donde la mayoría de los 3.000 habitantes de la comunidad son agricultores que trabajan manualmente de 1 a 4 hectáreas de tierra con búfalos de agua. La Iglesia en 2002 estableció la Cooperativa de Ahorros y Crédito San Pedro con 15 miembros, los cuales desde entonces han ascendido a 39. La cooperativa le permite a los agricultores negociar mejores precios para las semillas, alquilar un espacio para el secado (el acceso al espacio para secar arroz y maíz es escaso) y ha construido una nave donde los granos pueden almacenarse y venderse según lo dicten los precios del producto. La cooperativa también tiene una finca arrocera de nueve hectáreas.

La de San Pedro siguió el patrón de la segunda cooperativa, Misión y Cooperativa para fines múltiples del Espíritu Santo, que se inició en 1995 y que sigue funcionando, explicó el Rdo. Ralph Dampo, que presta servicios como director de la parroquia y administrador de la cooperativa.

Dampo, que ha sido entrenado tanto de teología como de administración de empresas con el apoyo de la Iglesia, comenzó la misión con el objetivo simultáneo de mejorar las vidas y la subsistencia económica de los agricultores en la comunidad y la vida de la estación misionera.

Después de llevar a cabo la primera evaluación rural: un tasación de la tierra, el número de familias, idiomas, acceso a servicios sociales y educacionales, la cooperativa comenzó con 16 agricultores de subsistencia, cada uno de los cuales contribuyó con un quinto de su ingreso anual, alrededor de 1.000 pesos o $22. “Fue difícil” dijo Dampo.

La iglesia del Espíritu Santo fue construida en 2009. Foto de Lynette Wilson para ENS.

En la actualidad, la cooperativa tiene más de 100 miembros, 10 empleados regulares, un almacén, un suelo de secado y camiones. Contribuye el 10 por ciento de sus ingresos al fondo parroquial y a otros fondos, paga el 70 por ciento del salario de Dampo, al tiempo que sostiene el ministerio infantil del Espíritu Santo y tiene un programa de alimentación y un ministerio de ayuda y rehabilitación.

La primera iglesia se construyó en 1997 y un edificio moderno en 2009. El Espíritu Santo tiene 200 miembros, la mitad de ellos miembros también de la cooperativa, y la asistencia dominical promedio es de 70, dijo Dampo.

Cotabato
Desde su base en la ciudad de Quezón, los obispos viajaron luego al sur, una hora y media en avión, para llegar a la ciudad de Cotabato donde se reunieron con Danilo Bustamante, obispo de la Diócesis del Sur de Filipinas, visitaron la iglesia de San Francisco y la Cooperativa de Objetivos Múltiples Hillside en Upi, en la provincia de Magindanao en la Región Autónoma del Mindanao Musulmán, donde, por constituir tan sólo el 30 por ciento de la población, los cristianos son la minoría.

El grupo también se reunió con el alcalde de Upi, Ramón A. Piang, en su oficina municipal , donde él les dijo que el gobierno local apoya a los líderes religiosos, y que ha instituido paneles cívicos, en los que participan líderes religiosos y de la sociedad civil. Y coordina con ellos sobre programas para la reducción de la pobreza en la provincia donde el 98 por ciento de las personas son campesinas.

Ver las cooperativas en acción en las Filipinas le hizo pensar al obispo Orlando Guerrero, de Venezuela, en la plantación de café, de aproximadamente 35 hectáreas, que su diócesis posee en el noreste del país, una plantación que no está produciendo al máximo de su rendimiento. Más que poner a funcionar la plantación con fuerza laboral de la localidad, Guerrero dijo que estaba considerando la creación de una cooperativa y darles parcelas a las familias locales para que las trabajen.

La Cooperativa de Objetivos Múltiples Hillside en Upi tiene una plantación de gomeros. Foto de Lynette Wilson para ENS.

El gobierno de Venezuela, añadió, trabaja también con organizaciones religiosas para fortalecer a las comunidades, pero que hasta la fecha la Iglesia Episcopal, a diferencia de las iglesias evangélicas y Católico Romana, no se ha aprovechado de esa oportunidad.

Las cooperativas también llevaron a pensar al obispo Lloyd Allen, de la diócesis de Honduras, en el modo en que la actual cooperativa de su diócesis podría reestructurarse para proporcionarle a cada uno de los 10 deanatos de Honduras más autoridad local.

El programa del Sur de Filipinas en Upi, al igual que en el norte, incluye secado de granos e instalaciones de almacenamiento, pero también una plantación de gomeros y un vivero, este último en asociación con la Diócesis de Olympia en Seattle, Washington, que distribuye semilleros a familias individuales.

Se hace camino al andar
“Estamos aquí como una sola Iglesia… venimos aquí de América Latina para ver con nuestros propios ojos”, dijo la Rda. Glenda McQueen, funcionaria encargada de asociaciones globales de la Iglesia Episcopal para la América Latina y el Caribe, durante un sermón que predicó en la iglesia de San Francisco en Upi, en la mañana del 28 de septiembre.

“Cambiar el rumbo es decirle que sí a la vida, abandonar el pasado, la manera en que se hacían las cosas, y asumir el riesgo del futuro”.

McQueen habló acerca de cómo las iglesias anglicanas y episcopales plantaron la simiente que hoy es la Iglesia en las Filipinas, y cómo, al igual que los gomeros, así como injertar una rama de un árbol maduro en un vástago robustece al árbol nuevo y lo hace más resistente a las enfermedades, el que las Filipinas comparta su trayectoria hacia el autosostén económico fortalece a las iglesias latinoamericanas que están en una senda semejante.

“Somos ese vástago, y ustedes nos han dado el ejemplo de esa nueva Iglesia que asumió el riesgo”, dijo McQueen, y explicó a los presentes que en América Latina se dice “se hace camino al andar”, lo cual describe la trayectoria que los obispos de la IX Provincia y sus diócesis han emprendido ahora.

El avanzar hacia el autosostén en cada diócesis de la IX Provincia requerirá de una persona o de un equipo que supervise el proceso de desarrollo, dijo McQueen posteriormente en una entrevista con ENS.

El obispo Danilo Bustamante, de la Diócesis de Filipinas Sur, y la Rda. Glenda McQueen, encargada de asociaciones globales para América Latina y el Caribe, en Cotabato. Foto de Lynette Wilson para ENS.

Visitar la Iglesia en las Filipinas le proporcionó a los obispos los principios que sostienen el proceso —“necesitan tener ese cimiento”, dijo ella.

Es importante, añadió, que las iglesias latinoamericanas expresen su propia visión de futuro, y que juntas miren lo que tienen como provincia.

Reflexionando sobre la visita a la Iglesia de las Filipinas, el obispo de la República Dominicana Julio César Holguín dijo que él creía en el espíritu empresarial del clero y el laicado frente a la falta de apoyo de la Iglesia Episcopal y que el Espíritu les permitía a ellos continuar su [proceso de] desarrollo.

“Creo que el liderazgo emprendedor asumido tanto por el clero como por el laicado de la iglesia en Las Filipinas, ha tenido mucho que ver con los logros alcanzados en el aspecto de su sostenibilidad. Cuando los recursos económicos  procedentes de la Sociedad Misionera, la Iglesia Episcopal, dejaron de llegar ellos no se sentaron a lamentarse ni a llorar, sino que elaboraron un plan estratégico viable, que les permitió mantener la continuidad en el desarrollo de la obra misionera que tienen por delante, basada en el empoderamiento y en una buena mayordomía por parte de cada uno de los miembros de la Iglesia. Creo que el modelo de la Iglesia en Las Filipinas, puede servir de gran ayuda e inspiración, para que tanto las diócesis de la IX Provincia, como de otras latitudes de la Comunión Anglicana, nos animemos a lanzarnos a alcanzar la meta de la sostenibilidad, para llevar a cabo con mas eficiencia, la tarea de la Gran Comisión que nuestro Señor Jesucristo nos ha encargado”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.